viernes, 20 de julio de 2007

Vueltas

Llovizna. Llevo mi cruz de ropas, libros y tonterías atada al cuello. No pienso detenerme, pero me detengo a comprar cigarrillos. El Quiosquero me mira extrañado. Detrás de ese bolso gigante hay un hombre; un hombre con una voz, una mano que estira un billete y que recoge sus miserias, una sonrisa dibujada en los labios, una mueca torpe, desprovista de ternura, algo cínica y cruel. De vuelta a ninguna parte no puedo dejar de pensar en que otra vez ella tiene razón. “Si, querida, tenés razón”. Pero si es lo mejor que escuche en mucho tiempo es porque existe la amargura. Y existe como una plaga perversa. Y es parecida al cansancio que traigo, un cansancio de centurias esclavas, de jornadas bajo un sol muerto y mustio, de largas marchas, de noches en vela con los ojos en blanco y la cabeza revuelta, de habitaciones hacinadas, del látigo del amo que no existe en mi mano que si existe. Quiero dejar mi carne al descubierto, quiero dejar secar mis huesos al sol. No me importan las palabras. Ya no hablo un idioma definido. Me expreso a través de gruñidos, de golpeteos en el piso. He dejado la barbarie muy atrás. Evoluciono hacia la larva, hacia el renacuajo, hacia el sapo. Con el tiempo llegare a ser una ameba , descenderé hacia la unión del espermatozoide y el óvulo que me engendraron. Quiero ser una elemental partícula de carbón. Todo y nada al mismo tiempo. Si querida, tenés razón otra vez, pero también pienso que va más allá de la amargura, que ya no existe. Ahora somos reales. Ahora es todo real, demasiada realidad. Realidad por todas partes. Esquirlas de realidad disparadas a los nervios. Orgías de una realidad tras otra. La vida se ha transformado en una pesadilla de noticieros del mediodía, de periódicos escritos por y para el hombre, tan real y razonable. Pedazos de mundo regurgitados para ser digeridos por estómagos humanos. Pedazos de mundo edulcorados, unifacéticos, a-facéticos, desvanecíentes. Un enema en el centro mismo de la conciencia. Un chicle laxante que provoca la evacuación inmediata de axiomas brillantes, de construcciones lógicas irrefutables, de vistillos de una realidad última. Pienso que los amores no están habituados a esto, que no deberían estarlo, pero también me pregunto si es que existe el amor, y si realmente soy un hombre, si queda algo de humanidad en mi, si la maquina no le ha ganado terreno a la carne, si mis ojos son dos prismas desapasionados y fríos. Ya no hacemos ruido, amor. Ya no nos deslizamos silenciosamente por el mundo. Ya no nos miramos con intensidad. Ya no necesitamos aparentar. Desde hoy viviremos en el tiempo; y el tiempo es extraño, pasa. Deja poco. Fragmentos de nada, pequeños trozos de algo que no reconocemos. Es mas un sentimiento de vacío que un recuerdo lucido; como un sueño que a la mañana se nos escapa de entre los dedos.

1 comentario:

punk luddita dijo...

"Fluye el tiempo, que hace llorar", decía Macedonio. Pero pasa que a veces el tiempo sólo pasa y el satori, hiriente e hirviente, se despliega ante nuestros ojos en un kiosco de cualquier calle mugrienta, en Banchero a las 10 PM o en pleno corazón del bosque, cuando nadie nos ve.

Pero saber que está ahí, de todos modos...