domingo, 29 de julio de 2007

El derrumbe del campeón (última parte)


Un viejo boxeador tiene sus trucos.
-Lo tenia que hacer, tenia que destruir todo- Averno estaba desencajado.
Ganar. Para 1114 ya no era posible ganar, no estaba en su naturaleza. Pero podía hacer el mayor daño posible. En la esquina de “Chico” se había armado un terrible revuelo, su entrenador trataba de calmarlo mientras un asistente le revisaba la mano. El viejo sonreía y miraba todo sin prestarle demasiada atención a lo que le decían. Ese antiguo instinto primario se activo en Él. Asomaba su cabeza y sus fosas nasales se ensanchaban. Podía oler el miedo. La pelea recién comenzaba.
-No quiero que lo lastimen- dijo Adelle.
-Nadie lo va a lastimar, no durante la pelea- le contesté.
Adelle entendió. Para una mujer como Adelle no es difícil hacerlo.
-¿Tiene que perder, no?
-No lo se. Pero lo que sí se, es que nadie espera que gane-
Sacó un espejo, un pañuelito y algunas pinturas de su cartera. Apenas pude ver el surco de esa lagrima. Una lagrima por un hombre sin futuro. Alguien había escrito la historia de una vieja puta y un boxeador fracasado. Y ambos estaban obligados a hacer lo que se esperaba de ellos.
En el tercer round 1114 pasó a la ofensiva. Supo aprovechar los nervios y la inexperiencia de “Chico” y conectar un par de golpes. Pero la juventud de su contrincante se imponía. Las indicaciones que le dieron fueron claras: aguantar la pelea, esperar, el viejo no tenía resto, no podía durar mucho.
Bernardez Sansón y Averno se dedicaron a especular.
-No va a pasar del sexto round-
-Yo quiero que aguante hasta el final, así se retira bien-
-Me preocupa la mano de “Chico” ¿Estará quebrada?-
-Si la tiene quebrada que se joda, uno se gasta millonadas entrenado a estos brutos de mierda y se comen cualquier cosa-
-¿Y el título?-
-El “Pichi” Sosa todavía no me cansó del todo, creo que se puede quedar un año mas con el título.
La pelea se volvió aburrida. 1114 llegaba sin fuerzas y “Chico” lo eludía para evitar el enfrentamiento. El velorio duraba más de la cuenta, el muerto se negaba a ser enterrado. En el sexto round el viejo pareció tirar la toalla. Ya no iba a la ofensiva, los brazos le pesaban y se quedaba sin aire. No podía mantener la guardia en alto y dejaba a descubierto su rostro. “Chico” se empezó a animar más, quería rematarlo de una vez por todas y terminar con esa pesadilla. Ya no tiraba golpes al azar, se tomaba su tiempo, lo media, calculaba cada paso, cada puñetazo. La cara de 1114 se fue deformando por los golpes, tenía los ojos amoratados y las cejas hinchadas. Comenzó a sangrar. El árbitro paró la pelea y llamó al médico. Todo parecía el final.
-Fue en sexto, nomás- La voz de Averno sonaba segura y sobradora.
-Esto no va a terminar así-
Bernardez Sansón estaba furioso. 1114 había arruinado su noche. Su Delfín estaba perdido. Esa pelea tenía que ser un trámite. Para fin de año tenía que haber un nuevo campeón: “Chico”. Pero todo el trabajo que se había tomado ya no valía de nada. Llevar a un boxeador a pelear por el titulo requiere de dinero y tiempo. Hace falta encontrar al hombre, crearle un nombre, que se escriba y se hable de Él. Pero “Chico” ya no era ese hombre. A un boxeador como 1114 se lo voltea rápido o se pasa vergüenza. “Chico” Había dilatado demasiado la cosa y terminó con una mano arruinada. Tenia que decirle adiós al campeonato.
-¡¡¡Que siga peleando!!!-
El médico y el árbitro entendieron la orden. “Chico” también entendió de qué se trataba. 1114 escuchó su sentencia sin inmutarse. Adelle dejo caer sus lágrimas y me tomó de las manos. Averno sonreía impúdico.
Ambos boxeadores fueron al centro del ring y chocaron los guantes. A “Chico” le costó arrancar. 1114 aprovechó la situación y pudo colocar un puñetazo en la boca del joven. Con el sacudón éste pareció despertarse. Un par de golpes efectivos abrieron las heridas del viejo y la sangre comenzó a empaparle el rostro. Cada vez que podía, 1114 se abrazaba a su contrincante, tomaba aire, se secaba la sangre del rostro y hacia algo de tiempo. El viejo estaba recibiendo una paliza terrible, pero nadie se atrevía a parar la pelea. “Chico” se ponía cada vez mas nervioso, no entendía como un hombre de la edad de 1114 podía recibir tales golpes y no caer definitivamente. Dos veces había volteado a 1114, en el octavo y en el noveno round, sin embargo el viejo se levantaba y seguía combatiendo. En el décimo el joven estaba cansado, los nervios lo estaban traicionando. Sus pasos perdieron el ritmo, tardaba mucho en cambiar de guardia. Fue perdiendo el swing. Una novatada le costo la cabeza. Tiró un gancho de izquierda, lento e impreciso, que apenas rozó la oreja de 1114, trató de avanzar para meter un derechazo, pero al hacerlo junto ambas piernas en una recta. El viejo vio la oportunidad y de un terrible golpe recto hundió la nariz de “Chico” que pegó un par de manotazos en el aire y rodó por el piso. El arbitro dilato la cuenta. El joven se levanto aturdido y con borbotones de sangre saliéndole de la nariz. Le hicieron las curaciones y la pelea prosiguió. 1114 se jugó su última carta. Esperó al joven con la guardia baja. Un golpe leve le sacudió la mandíbula. Intuyó el remate con la izquierda y dio un paso atrás automáticamente. Pudo ver como el golpe del joven cortaba el aire y pasaba frente suyo sin siquiera tocarlo. La derecha bajo poderosa y se estrello contra la sien izquierda de “Chico”. Las rodillas del joven se flexionaron, sus brazos quedaron en alto y el cuerpo se desplomó inerte. Me levanté de un salto, gritando. El público enmudeció. Averno se
Agarraba la cabeza con ambas manos. Bernardez Sansón gritaba:
-Ese hombre está muerto- y nadie podía saber a ciencia cierta a quien se refería.
El árbitro contó lentamente pero “Chico” ya estaba perdido. Hicieron falta cuatro hombres para ponerlo en pie. 1114, en su esquina, apenas festejaba. Levantó los brazos y saludó a una multitud que ahora coreaba su nombre. Todo había terminado.
Bernardez Sansón se fue con Marilin y George pisándole los talones.
-¿Cuánto perdiste?- Le pregunte a Averno mientras me reía.
-Más de lo que este hijo de mil putas me hizo ganar cuando era bueno- Me contestó enfurecido.
Adelle lloraba desconsolada, pero esta vez lo miraba a Averno con odio.
-Me dijiste que era seguro, que iba a perder-
-¡¡¡Dejame de romper las pelotas, puta de mierda!!!-
Todos esperaban una derrota de 1114, hasta los viejos amigos. Ese hombre era un edificio a punto de derrumbarse. Pero con algo así no se juega sino se quiere morir aplastado.
-Bueno, vamos a emborracharnos a esa fiesta- Averno y su último consuelo.
-No creo que se haga, esta gente no tiene mucho que festejar- acoté.
-Una fiesta nunca se desperdicia- insistió Adelle y me guiñó un ojo- Además, hoy podés tener algo de suerte-
-¿Suerte?- Me reí. La vieja puta y sus mañas- No quiero de esa suerte, prefiero seguir perdiendo. Además, tengo que visitar a un viejo amigo.
Nos separamos y me fui directo al camerino de 1114. Golpeé la puerta.
-No queremos a nadie- Me contestó una voz convincente.
-Dígale al campeón que es Hernán, que quiere verlo-
Escuche su voz cansada que se impuso.
-¡Hernán! ¡Déjenlo pasar!
Estaba sentado sobre una camilla, uno de sus asistentes le quitaba el guante derecho.
-¿Cómo está esa mano?-
-Quebrada- me respondió- Si con ese último golpe no lo volteaba, lo único que me quedaba hacer era salir corriendo-
Nos reímos. Me lo quede mirando, era un guiñapo sanguinolento e hinchado.
-Estas lindo-
Nos volvimos a reír.
-¿Adelle?-
-Fue a la fiesta- le dije sin mas.
-Esa fiesta, no creo que vaya. Querían una derrota y yo los defraude.
-¿Sí?-
-Sí-
-Se los alcanzas a ella- Me dio los guantes- Esta fue la última, no quiero mas lola.
-Yo se los alcanzo- mentí.
-Y decile que en la semana la veo-
-Yo que vos me tomo un mes, o dos. Si te ve así se va a impresionar- Volví a mentirle.
-¿Apostaste?- Había una intención en su pregunta.
-Nunca lo hice-
-¿Cuánto ganaste?
-La bolsa me alcanza para pagar algunas cuentas y tirar un par de meses-
-¿Y cuanto apostaste?-
-Aposté por Él-
-¿Y por que ganaste? De esa forma, aguantando hasta el final.
-Cuando la vi ahí se me rompió el corazón. Ella confía en mí, Hernán. No podía defraudarla.
Trate de sonreír.
-Me tengo que ir- No soportaba mas esa noche.
-Gracias- Me dijo y sus ojos se humedecieron.
-¿Por qué?
- Por llamarme “El campeón”.
Me fui. Afuera hacia frío. Camine un par de cuadras antes de subirme a un taxi.
-¿Viene de ver la pelea? Me preguntó el taxista.
¬-Unos viejos amigos me invitaron- Le contesté con amargura.
-¿Y eso?- El taxista señalo los guantes.
-Son los de 1114-
-¿Sabe cuanto puede valer esto?-
Los arroje sobre el asiento del acompañante.
-¿Un viaje en taxi, tal tez?
-No, no los puedo aceptar- El taxista me pareció honesto.
-Acéptelos, para mi valen tanto como la lealtad de una puta-
El tipo me dio las gracias y siguió manejando. Me hundí en el asiento, abrí la ventanilla y prendí un cigarrillo. Fumé lentamente. Pensé en todo el dinero que había perdido y comencé a reírme como un loco.

2 comentarios:

aldo pellegrini dijo...

A veces, ciertas figuras derraman tanto asco como Bernardez Sansón. Pero sólo a veces. Quizás, si tan solo el irrefrenable empuje de 1114 -extrañamente, dicen que los MB 1114 son aguantadores, y ahí los vemos aún, caminando- hubiese estado en escapar, él no hubiera ganado. qué extraño silencio ensordecedor hubiera desatado, el de no entender, el de no saber cómo, porqué. se me ocurre, estar atados a la miserable condición de ser-para-ellos sea producir nuestra miseria. o será que nunca me gustaron los cuadriláteros. si, nunca nunca. siempre soñando en escapar tras los pasos que se dejan oir en un rotundo silencio.

realmente, me he sentado y leido de un tirón vuestro cuento. gracias.

punk luddita dijo...

Un viejo boxeador tiene sus trucos.
Una vieja puta tiene sus mañas.
Hernán tiene sus risas (de loco).
Ud. tiene sus letras, mi querido.

¿De qué está hecho el derrumbe? (Sabemos de lo que está hecha Adelle, aunque no la conozcamos.)
¿De qué material estamos hechos, entonces? ¿Qué material nos condensa?

Preguntas, tras leer su relato.

Agradable la estadía aquí, por cierto.