
Adelle, Una bella y extraña melodía perdida en el tiempo. Nadie había podido ver a través de sus ojos, nadie la conocía realmente. Éstas mujeres están hechas de silencio y rencor. Hay algo en ella que atrae, algo primario y pulsional. Muchos hombres perdieron la cabeza por ella y no era mi deseo engrosar la lista.
-¿Te estabas escapando?- Me dijo, impostando la dureza.
-Tal vez, y es algo que no quiero averiguar- Le conteste.
El locutor anunció a 1114. Hubo griterío, aplausos, explosiones, música y todo el circo. El amigo salió por un lateral y una herradura de asistentes lo acompañaba. El viejo campeón volvía al ruedo. Iba con la mirada gacha, bamboleando su cuerpo, sacudiendo los brazos y la cabeza. Se lo veía sereno, reconcentrado. Cinco años habían pasado. Se fue abriendo paso lentamente, paladeando los aplausos y el griterío. Se subió al ring y saludó a la multitud con los brazos en alto. Los tres nos paramos para verlo. Adelle me tomó del brazo y me dijo al oído:
-El nunca se olvido de ustedes-
-Nosotros si de Él- le conteste tristemente.
El locutor anunció a “Chico”. El circo se trasformó en carnaval. Los aullidos y aplausos hicieron estallar el estadio. “Chico” avanzaba triunfal y en su paso se descubría la soberbia de un ejercito conquistador. En el fondo de mi alma empecé a desear el triunfo de 1114. Era improbable que mi amigo ganara, pero cada tanto me permito soñar.
En el ring ambos boxeadores se clavaron la mirada, mientras sus entrenadores les daban las últimas indicaciones. Si en 1114 se adivinaba una extraña serenidad, “Chico” estaba impaciente por terminar con ese trámite.
Sonó la campana. “Chico” se abalanzó sobre 1114, y una lluvia de puñetazos cayó sobre Él. Resistió la primera embestida y aprovechando su altura le empezó a marcar la distancia con la derecha. “Chico” se movía de un lado a otro, bailoteando alrededor del campeón, buscando el ángulo, el punto débil. Metía una mano y luego otra, retrocedía. Golpes directos, torpes, pero efectivos. 1114 parecía no tener mucha cuerda y especulaba con el tiempo. Seguía con la derecha recta, imponiendo distancia. “Chico” se animó con una segunda embestida. 1114 pareció no soportarla, trastabilló y terminó contra las cuerdas. Esta vez “Chico” fue mas efectivo. Un golpe rápido con la izquierda se clavo en el hígado del viejo, la derecha buscó la mandíbula y su cabeza giro brutalmente. 1114 dejó caer todo el peso de su cuerpo contra el de “Chico”. Los cuerpos se entrelazaron. Los brazos de 1114 atenazaron al joven. Apoyó su cabeza sobre el hombro de su contrincante, tratando de tomar aire, de recuperarse. El árbitro tardó demasiado tiempo en separarlos y el primer round terminó.
1114 se tambaleó hacia su esquina. “Chico” lo miraba con aires de superioridad. Adelle se volvió a aferrar de mi brazo, pero esta vez no dijo nada. Fue averno el que habló.
-Ya está perdido, de éste no pasa-
Parecía disfrutar el fracaso de 1114. Cruzó las piernas y tiró su cuerpo para atrás. Prendió un cigarrillo. Una sonrisa de satisfacción se dibujo en sus labios.
-¿Puede ganar?- Preguntó Adelle.
No había nada de inocente en ella. Simplemente lo dijo, desapasionada, esperando una respuesta cualquiera. Averno fingió reírse. Yo estaba concentrado en la esquina de 1114. Lo veía respirar con dificultad. Sentado en su rincón con las piernas abiertas y los brazos caídos parecía un antiguo dios pagano.
La campana sonó y 1114 se levantó con dificultad, arrastrando los pies. Parecía llevar un terrible peso en sus hombros. “Chico”, en cambio, de un salto se ubicó en el centro del ring, dibujando círculos con los puños y moviendo la cabeza de un lado a otro. El joven insistió con esa seguidilla de golpes descontrolados y torpes. 1114 simplemente se cubría, aguantando la envestida y tratando de no quedar otra vez contra las cuerdas. 1114 bajo la guardia. Pude adivinar la jugada desde el principio, un viejo boxeador tiene sus trucos. “Chico” pensó que ésa era su oportunidad y le lanzó un golpe recto y violento. El campeón inclinó la cabeza y el puño del joven se estrelló contra su frente. Pude sentir como “Chico” resentía la mano y daba un paso atrás, asustado. 1114 cayó espectacularmente. Aguantó la cuenta hasta los ocho y se incorporó como si nada. El público saltó de sus asientos indignado. No podían entender como “Chico” había dejado pasar la oportunidad de rematar a 1114. Averno estaba pálido. Bernardez Sansón gritaba como loco y amenazaba con desatar un infierno. Lo poco que restaba del segundo round fue aburrido. 1114 se limitó a marcar la distancia con la derecha. El joven estaba aterrado y sólo se animó con un par de golpes.
Continuara…
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